viernes, 13 de febrero de 2009

Microcuento


Érase que se era un príncipe azul que preguntole un día de mayo a su amada.
¿Querría tan bella dama concederme su mano en matrimonio?. A lo que la dama respondió. ¡NO!.
A partir de aquel día, el príncipe vivió por muchos años yendo a cazar y pescar con amigos, tomaba buen vino, cerveza y todo tipo de licores sin que nadie se lo reprochase. Andaba tomando caviar, ostras, angulas, todo el tiempo, ya que tenía dinero suficiente para permitíselo.Se acostaba con bellas doncellas, ya fueran virtuosas o no, eructaba, se rascaba la entrepierna mientras veía los torneos de caballeros los fines de semana, dejaba sus vestimentas tiradas por su alcoba, ventoseaba con estruendo cuando le venía en gana y NADIE LE TENTABA LAS BOLAS (o tocaba los cojones).
FIN

4 comentarios:

Bego dijo...

y cuando llegó a viejo, ¿se suicidó al no soportar la idea de limpiarse el sólo su mierda y sus olvidos o pagó a alguien para que realizase tales servicios? El matrimonio, al final, también es un intercambio de favores y búsqueda de comodidad

Bego dijo...

Por otra parte decir, que me encanta tu cuento, por como está escrito y por como reflejas un sentir...

Littlesete dijo...

Joder que grosero. solo he tardado un año en contestarte. Pues cuando llegó a viejo lo metieron en una residencia de ancianos, que es lo que harán Mikel y Pablo con nosotros, y a joderse tocan.

Littlesete dijo...

Ah! y gracias por la buena crítica.